sábado, 10 de abril de 2010

Desintoxicándome, resignificándome

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"Escapé de mi casa
Escapé de mi amor
Pero nadie se escapa
De tu mano señor"
Fabulosos Cadillacs


Ir a la sierra de los Coatlanes me pareció un asunto serio, sobre todo si se va de noche y en camioneta. La luna justo iba apareciendo sobre el cielo de Miahuatlán cuando salimos, así que durante todo el tramo pavimentado fue acompañándonos, pero, pareciera que justo al entrar en la terracería que va hacia San Miguel, ella y los árboles a contraluz se hubieran puesto de acuerdo para que, en silencio, contempláramos los gigantes que llevan años viéndonos pasar en nuestra efímera existencia. La deforestación es visible desde lejos, San Miguel tiene fama de proveedor de madera para la región, en especial el pinocote, como le llaman por acá – y por muchas partes, supongo-.
Si uno comete la osadía de mirar a los pies de los venerables cerros, desearía nunca hacerlo porque en ocasiones la endeble camioneta se balancea para jugar con nuestros nervios, y se acerca atrevidamente hacia los precipicios que parecieran no tener fin, como si se tratara de una puerta hacia los abismos que habitan los demonios de esos cuentos que nos leían en la iglesia.
Los bancos de niebla impedirían, en mera suposición, que la camioneta fuera más rápido, pero este conductor, o tiene un espíritu suicida o de verdad conoce muy bien el camino: tomé la decisión de no ver más hacia el frente.
Llegamos bien a San Miguel, mi hermano tocó con sus amigos y por la mañana regresamos a mi pueblo. Ver el camino de día es más reconfortante, quizá el factor taxi le dio una nueva perspectiva al viaje.
Al regresar de San Miguel tuvimos poco tiempo para alistar las cosas antes de irnos a las montañas que se encuentran en los límites de mi pueblo que, por cierto, no lo he dicho, se llama Cuixtla.
Para esta excursión se unieron al equipo vagabundo mi hermana, la novia de mi hermano y su cuñada.
Salimos a las doce del día y, la primera noche acampamos en el nacimiento del río, tuvimos una luna espectacular que nos acompañó desde las nueve y media de la noche hasta las… bueno, eso no lo sé porque caí dormido.
Por la mañana recargamos nuestra provisiones y empezamos un camino cuesta arriba para llegar al cerro de la cruz, llamado así porque en la cima hay una capilla desde la que se divisan, además de Cuixtla, muchos pueblos. Temíamos, al igual que el día anterior, que la lluvia nos arruinara la oportunidad de acampar sobre la capilla, pero no fue así, todo fue tan maravilloso y espectacular, que recordé que esa parte de mí que consideraba perdida está todavía entre los estratos del suelo que me vio nacer, sólo que tendré que ir escarbando poco a poco entre las miradas, las palabras, los cuentos, los ancianos y los niños, las calles, los caminos, la tierra que queda en mis zapatos al volver, el café cargado de mi abuela, los chistes de mi abuelo, mi mamá y su sazón, las chilenas, el sol del amanecer detrás de “el cerro de los gentiles”… (Muchos etcéteras).
Pronto subiré algo que haya escrito con calma, por ahora, puros reportes de actividades antes de que me asignen comunidad este lunes, les dejos unas cuantas fotos para que más o menos conozcan dónde ando. Saluditos y muchas bendiciones.

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Y bueno, así se vio el atardecer arriba de la capilla...


Y este fue el amanecer...


Esta es la capilla sobre la que acampamos...


Esta es una de las primeras honduras en el nacimiento del río...


Yo mero, de fondo: San Miguel Yogovana


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lunes, 29 de marzo de 2010

El Viento Viene, El Viento Se Va




“Cuando estoy algo perdido
Un poco loco por ahí
Siempre hay alguien con tus ojos
Esperándome hasta el fin.”
Fito Páez


P.D.: Saludos a Liz y a Susann, dos chicas que tuvieron que dejar el Conafe por incomprensión, pero que son muy sencillas y buena onda. Esta foto es de un pueblo en el que estuve antes de ir a Hux por última vez, se llama San Sebastián Coatlán, he estado saliendo a varios pueblos acompañando a mi hermano, el que da clases de música.


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lunes, 8 de febrero de 2010

Convocatoria

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Si nada en la bolsa
Te queda guardado
Si el barco en que viajas
No puede avanzar
Si el mar delicado
Se torna rabioso
Y el canto sagrado
De sirenas dulces
Tus tristes oídos
No escuchan ya más
Si tus viejos muertos
No asoman sus manos
Entre los espejos
De tu habitación
Si sientes que el miedo
De nuevo se cuela
Silenciosamente
En tu corazón.
Cuando el cielo entero
Caiga en tus espaldas,
Cuando esa niña
Te diga que no,
Cuando el firmamento
Deje un rastro vago
De dos líneas flacas
Color aeroplano
Y tomes en serio
La edad y tu vida
Y en el campo oscuro
Juegues al ratón,
Si Dios te persigue
Y el diablo te ayuda
Si pagas por sexo
Y encuentras amor
Si vas entre nubes
De mota muy fresca
Y a medio camino
Te caes del avión
Si sufres de penas
Mientras cortas venas
Y en el sufrimiento
Hallas vocación
Si el amanecer
Llevó tu memoria
Por el cementerio
De la soledad
Si ya te cansaste
De vestir de gala
Mientras los gusanos
Devoran tu ser
Si eres el reflejo
Del deseo ajeno
Si vives de poses
Para complacer
Si el día se te acaba
tan pronto despiertas
y la noche eterna
te espera otra vez

Entonces, mi amig@
solamente entonces,
ven, siéntate un rato
conmigo esta noche
Prendamos el fuego,
viajemos sin coche,
bebamos un vino
a salud del pobre
Mundo atiborrado
de gente que pasa
igual que nosotros
de un modo mediocre
Olvidemos todo
mudemos escamas
vayámonos lejos
a olvidar las penas
Que espacio por medio
servirá de algo
ver nuevas personas
alivio dará
Solamente pido:
no vengas curado
así, tu presencia,
no me ayudará.
Necesito a alguien
que quiera perdérsle
a Dios un ratito
en la oscuridad.

Y si no pudieras
aguantar las ganas
de reirte un poco,
de mostrar agallas,
Ve y sonríe entero,
no vuelvas la vista
haz de ti tu sol,
alumbra la vida,
haz la diferencia
y salte del mundo
color azulado
que va a la deriva.
Porque mis presagios
no son promisorios
porque para siempre
de azul viviré.

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jueves, 21 de enero de 2010

Nosotros los otros

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Estamos.
Estamos por todas partes.
Cansados, tristes,
pero no desalentados.

Tímidamente aparecemos,
Ya no hacemos ningún daño.
De algún modo hemos partido.

La voluntad nos mueve
y la oscuridad nos cobija,
como una madre resignada.

Estar muerto es cosa fácil.
Pero serlo es un martirio.

Los verás hablarte
sin verte a los ojos.
Sollozando mientras secas
infructuosamente el llanto.

Correrás junto a los niños
mientras crecen,
te verán tal vez, y tal vez
lloren.

Tus amores se convierten
en abismos. Tú mismo
te les haces impreciso.

Las horas, los sabores,
la alegrías de los viejos
(las únicas risas sinceras)
Todo, absolutamente,
es un coro angelical brindado a un sordo.

Por eso muérete completo.
Por eso no regreses del Mictlán.
Porque ciertamente el tiempo
es mucho,
cuando no se vive junto al otro.

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lunes, 4 de enero de 2010

Para No Olvidar

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"Sólo una cosa no hay: es el olvido". Jorge Luis Borges.

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"Ojalá que estén vivos y bien
en el país de síganme,
síganme no los voy a defraudar
¿a dónde?
Donde se caga un conde"

Andrés Calamaro



P.A.R.C.

Él ya no volvió.
Como muchos.

Multitud de rostros que,
aún siendo una masa
duelen particularmente.

Silenciosas lágrimas que
el viento
pone en las memorias,
susurrándonos la sedición.

Olor a pieles que antaño
transpiraron con nosotros
sueños ahora secos.

Al irse,
se llevaron una parte
de nosotros.

Por eso no sabemos qué somos,
por eso nuestras horas
no terminan,
o lo hacen sin saberlo.

Nos sentamos a morir
porque no volverán.
Porque dolorosamente
no estarán más.

Si no me crees...
Anda y dale un abrazo a tus
recuerdos.




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sábado, 2 de enero de 2010

Rata Rabiosa

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A 16 años

Me da rabia, no el olvido,
sino la vaguedad del recuerdo.
El eufemismo libertario
pieza más del discurso hipócrita.

La soledad separatista,
ambigua en cuanto a la función,
a lo benéfica
que podría resultar ahora.

La pose,
evidente en absoluto,
el grito vano del que busca
ser la imagen de las cosas
que no siente, que no sufre.

El olvido,
que no existe, pero se finge.

La empatía vaga,
el relato que evade
los dolores, las tragedias,
la realidad.

El total desprecio,
la oposición abierta
al clamor del oprimido.

Y también estas manos
que escriben, en lugar
de tirar balas.

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martes, 29 de diciembre de 2009

Provocando Destinos Recurrentes

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Esto lo encontré en la casa vieja de mi abuela, algunos de los nombres fueron tachados por alguien – la tinta revela que fue hace mucho tiempo ya, cuando tenga tiempo le haré algunas pruebas- y tuve que agregar sólo ### para hacer fluida la lectura. .
Lo que pregunta el interlocutor – porque es obvio que hay un diálogo- fue tachado en su totalidad, el texto es legible desde aquí:
“No sé qué sentido tiene para ti el saber en estos momentos cuál era mi relación con ella, pero no tengo inconveniente en hablar de eso antes de empezar a aullar por el resto de todos los tiempos en este lugar, así que te diré como acabé aquí.
### nació con un nombre maldito. Un nombre que nunca debió ser usado más que para nombrar a aquella que había sido y que nunca más volvería a ser, al menos eso fue lo que se esperaba que sucediera, pero, la experiencia nos dice que las cosas casi siempre tienden a salirse de control.
Creció lejos de casa, eso demuestra que no tuvo que cargar con un mal estigma desde pequeña y que, toda conducta posterior no fue el resultado de una sentencia múltiple repetida en miles de ocasiones.
Desde su nacimiento, una serie de sucesos paranormales se suscitaron, como una premonición de un algo impreciso y poco grato: la cuna donde dormía ardió toda la noche sin que ella sufriera daño alguno, los vidrios de su habitación amanecían bañados en sangre, en sus sábanas aparecían lastimeros rostros en tonos lúgubres…
A los cinco años descubrió su capacidad de telequinesia, y nada dudó en hacer de ello su herramienta predilecta para infligir a sus coetáneos los más terribles aspavientos – no es fortuito que ### signifique “maldad”-; luego pasó a sus contactos con los muertos, eso fue como a los 6 años: fue entonces cuando la conocí.
Advertí desde el principio su capacidad de percepción de lo sobrenatural, tal como yo también lo ocultó, sólo que, a diferencia de un mocoso de carácter enclenque como el mío, ella tenía la virtud de sentirse atraída por el poder que le confería la interacción con las fuerzas demoníacas.
No negaré esa fascinación que me produjo el pensar en lo salvaje, lo indeseable, lo malvado, impuro, pecaminoso y oscuro; pero el terror que sentí al experimentarlo a temprana edad puso en mí un freno invisible, lo suficientemente fuerte como para no atreverme a cruzar de nuevo sus ardientes puertas, así que rotundamente me forcé a vivir de un modo normal, tal como lo exigía mi salud precaria, cualquier sobresalto habría traído un infarto bajo el brazo.
Ella se marchó a los bosques negros cuando yo tenía diez años. Durante ese tiempo tuve mis momento más felices, tuve amigos, me enamoré – sin ser correspondido pero fue hermoso poder sentir eso-, conviví con mi madre y hasta recuerdo haber soñado con ser médico. Poco duró ese lapso de paz. Ella regresó de su autoexilio del que yo la suponía diferente, limpia. Nada más iluso que eso, parecía como si una especie de cáncer siguiera sus pasos, marchitaba todo con cuanto interactuaba, entristecía la sonrisa más hermosa y sólo de ese modo hallaba si no la felicidad, por lo menos una satisfacción que le avivaba el deseo de continuar con esa terrible forma de ser.
Encontrar a Dios es mucho más fácil, pero no resulta tan divertido porque todo el mundo trata de decirte el modo correcto de hallarlo, quizá por eso es que tomé esta decisión que hoy no me atrevo a juzgar, de todos modos, Él será quien decida – de antemano sé lo que se viene para mí-, sólo digo en mi favor que la tensión era tal sobre mi vida que tuve que alejarme también para que ella se divirtiera a gusto, era insoportable ver cómo la infelicidad nacía en los demás a medida que ### actuaba. Lo que nunca imaginó es que yo aprendí también algunas cosas en mis cinco años de ausencia.
Hay una regla básica dentro de la lucha que libran los hombres entre sí cuando se trata de fuerzas no terrenas: el que posea un objeto de un muerto poderoso espiritualmente tiene una gran ventaja sobre el otro.
Una noche despejada, mientra caminaba entre las calmas aguas de un río repleto de cangrejos, tropecé con lo que creí un insecto de enormes dimensiones, para mi fortuna, era nada más y nada menos que la punta de lanza de un guerrero zapoteca, al palparla, supe inmediatamente que cientos de hombres habían sido ejecutados por la mano de ese hombre. Esa misma noche tuve mi revelación, la cual me mostró lo siguiente: al borde de una de las caras de la luna se dibujaban dos constelaciones desconocidas. Una de ellas poseía más estrellas, pero la otra era más brillante. Hubo un giro en el cielo de exactamente 34 grados a la izquierda y las dos constelaciones comenzaron a moverse en torno a un centro imaginario. La constelación más grande se acercó tanto a la brillante que la envolvió hasta apagarla momentáneamente. Luego, hubo tres meses de silencio absoluto y de pronto, la constelación brillante explotó convirtiendo en polvo cósmico a su contraria. Tras muchas sesiones de meditación logré descifrar su significado y por eso volví a mi casa.
En vísperas de navidad, mientras yo cenaba, ella se acercó a mí con un cuaderno entre sus manos, fingió una duda y se me aproximó, apenas tuve tiempo de ver el diente de muerto que llevaba entre su puño derecho dirigido a mi corazón mas, quiso Dios, mis muertos y la suerte, que guardara la punta de flecha justo en la bolsa izquierda de mi camisa, de modo que, en el impacto, quedamos adheridos uno al otro, en una especie de agonía compartida. Su espíritu, dolorosamente se fue alojando en mis entrañas, desbordó mi sangre a través de mis poros y cuando yo estaba punto de morir, abrí los ojos para darme cuenta de la muerte de su cuerpo, pero también del brillo malévolo de sus ojos en los míos, así que casi inmediatamente me ahorqué y vine a dar a esta antesala del infierno.
Ahora que he resuelto tu duda, dime si por fin vas a dejar de hacer ese maldito ruido con tu cajita de pastillas”.

Eso es todo lo que se puede leer. Acerca de qué o quién lo redactó no poseo información, aunque existen rumores de videntes en la familia. Hasta la fecha no he tenido una prueba fehaciente de ello, así que no creo en esas patrañas.

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