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“Se llevó mi sed, mis besos, mi pan,
mi violencia, mi pasión,
ahora, ¿adónde iré con un alacrán
en lugar de corazón?”
Joaquín Sabina
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Mientras dormía, Juan era el hombre más bello que su mujer hubiera visto jamás. Hasta ella se acurrucaba tras su espalda moldeada por el intenso trabajo en la mina, pero al despertar, él descubría que en lugar de brazos poseía un par de marros formidables.
Tal era su emoción que trataba de mostrarle a los demás esa maravilla de Dios mismo había puesto en él, de ese modo, la puerta de la cocina, los trastes, los muebles y especialmente su esposa, Matilde, soportaban las demostraciones del buen funcionamiento de los brazos fuertes de Juan.
Esto, en realidad, no representaba una novedad porque su padre había tenido brazos de cinturón de cuero y su abuelo poseía, en lugar de brazo diestro, una larga binza de nueve colas – aún no determino qué demonios era eso de las “nueve colas”, pero supongo que por algo resultó trascendente-.
Estaba tan orgulloso de sus brazos de marro que no se dio cuenta que, poco a poco, éstos permanecían con ese aspecto durante todo el día, incluso mientras dormía, lo que incrementaba sus ganas de usarlos a toda hora.
Los amigos de Juan lo elogiaban porque no había nadie que pudiera ganarle en las vencidas que se organizaban en la cantina improvisada por Doña Lencha, toda vez que el trabajo se terminaba en la mina y comenzaban las rondas de cerveza.
Su amante, una cantante en decadencia, había optado por mudarse de ciudad porque sabía bien que Juan no le perdonaría esa tremenda gonorrea que le había dado como regalo de cumpleaños.
Allí comenzó el verdadero problema para Juan.
Una mujer como Matilde podía aguantar las golpizas más terribles y al otro día, mirar llena de amor a través del marco morado de sus ojos a su esposo, no obstante, el día que descubrió su enfermedad venérea, recibió una bofetada en lo profundo de su dignidad. En resumen: podía matarla a golpes mientras le fuera fiel.
Al igual que la causante de semejante sarna, Matilde se marchó durante la madrugada, dejando a Juan con su hombría supurante, sangrante y maloliente.
Lleno de miedo ante el aspecto que sus genitales habían cobrado, intentó rascarse. Lo único que consiguió fue lacerarse los testículos sin hallar remedio.
No podía salir a la calle, ni siquiera podía usar ropa interior por el ardor que tenía y una gran soga de orgullo y vergüenza le ataba los pies para pedir ayuda.
Sobrevivió dos días con un poco de sopa que Matilde había dejado. Debido a que sus brazos no eran aptos para poder encender un fósforo tuvo que comérsela fría, además, acostumbrado a sentarse a la mesa con la comida servida, Juan no sabía ni siquiera prepararse un café, mucho menos sabía cómo freír un par de huevos.
Por esto último empezó a extrañar a Matilde y lloró de falso arrepentimiento por dos días. Al tercero, recordó la sonrisa que ella le prodigaba cuando la había conocido en la feria del pueblo y se maldijo. Al cuarto día supo que ella era lo único bueno que le había sucedido y recordó que justo en la boca del estómago había tenido alguna vez una sensación extraña que sólo ella podía despertarle.
Él tenía los hechos claros pero ya Matilde se había marchado.
Los demás días carecen de relevancia porque sólo representaron una desolación progresiva. Para cuando sus brazos perdieron el aspecto de marros era demasiado tarde y así, por sus huevos, Juan murió de hambre y soledad.
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"Todos fuimos un lagarto, un reptil con el veneno a cuestas, fuimos muertos, fuimos agres, fuimos vivos infértiles y secos" A. Meza.
jueves, 23 de septiembre de 2010
martes, 24 de agosto de 2010
Pa' Volver a Verte
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Les dejo algo que escribió uno de mis niños – mi ahijado, por cierto - en el curso del Conafe.
La zorra hambrienta
Por: Julián Martínez Martínez
Había una vez un perro que se fue al campo y se encontró con una piedra fea con cuatro patas, iba comiendo pasto y se fueron caminando.
Bajó el cielo enojado y golpeó a los dos y los llevó el cielo con sus dos alas y por el aire los soltó y cayeron sobre un pato molido y desde ahí cayó muerta la piedra.
El perro flojo no se murió y salió volando con sus dos cabezas e iba cayendo a un pozo con agua gris.
Le dijo el agua gris al perro flojo: mero que acaba de pasar una zorra.
El perro la siguió y encontró a la zorra cantando, gritando con sus dos cabezas.
Se fueron los dos hambrientos a buscar su comida.
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Me fui.
Saludos a todos.
P.D.: Ya saben que los quiero, que soy medio supersticioso, pero por favor… ya no me manden cadenas. :@
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Black Labels:
iniciativa méxico,
mehablalavirgen
lunes, 9 de agosto de 2010
El sombrero y sus amigos
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“Hay nueva ola de los sacrificios,
ven linda, baby trae tu corazón,
tengo un cuchillo nuevo de obsidiana
quiero estrenarlo sin vacilación”
Los Tepetatles
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“Hay nueva ola de los sacrificios,
ven linda, baby trae tu corazón,
tengo un cuchillo nuevo de obsidiana
quiero estrenarlo sin vacilación”
Los Tepetatles
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Ando buscando un empleo… no porque tenga necesidad de adquirir algo ni por mucha afición a ese tipo de suicidio, sino porque, parafraseando a la Bersuit, soy el único rabioso que hay esquivando las miradas.
A pesar de los consejos de la banda, me metí a trabajar en una estación de radio, pero no veo claro con el salario – y bueno, fui advertido-, sí está chido y todo pero no veo la pasta que me sustente el gusto, además, si voy a entrar a la liga de baby-fut pss necesito tenis y no completo las cien lanas que cuestan esos exclusivos de diseñador que venden en la plaza los lunes.
Hoy te comparto uno de los cuentos que escribieron los niños de San Bernachi durante el tiempo qué estuvimos juntos:
El sombrero y sus amigos
Por: Alma Bautista Ruiz
Había una vez un sombrero que se bañaba cada cuando era su cumpleaños, pero un día el sombrero salió, fue a buscar su comida.
Cuando vio que la nube se estaba acercando, el sombrero se puso su ala y voló.
Cuando el sombrero voló, movió a la nube y la nube se reventó de agua y el sombrero volando se fue a su casa.
En medio del camino vio un tomate muy feo. El tomate agarró al sombrero y lo puso en su cabeza para que el tomate no se mojara.
El sombrero se llevaba con un lápiz. El sombrero le dijo al lápiz: ya no quiero ser tu amigo porque yo no me baño y yo sé que tú quieres ser amiga de alguien que se bañe todos los días.
El sombrero llorando se fue al monte.
Al día siguiente empezó a llover, pero como el sombrero no se bañaba, le dio mucho frío.
Pero un día, el tomate y el lápiz lo agarraron al sombrero y lo bañaron, y desde entonces toda la gente lava su sombrero.
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Me fui.
Salvo que Dios y su variante humor digan lo contrario, este miércoles ya tendré un empleo con salario.
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domingo, 1 de agosto de 2010
Dos de Tres Caídas...
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Cuando esta tumba destruya mis huesos,
cuando mi lengua no pueda cantar
y de entre los muertos inicie el regreso
perdiendo el rastro al viejo guardián
yo ¿a dónde iré sin ti?
Arturo Meza
Nunca tuve un ataque de conjuntivitis como del que recientemente me alivié. Por ende, no había tenido la necesidad de mantenerme con los ojos cerrados mientras la pomada hacía su trabajo, el asunto resultó hasta introspectivo y me mantuvo ocupado pensando en el perdón y la culpa.
Considero que siempre una cosa lleva a otra, por tanto, esta sucesión de eventos se vio coronada cuando al fin llegué al final del capítulo 4 de un libro que estoy leyendo, allí, Brian Weiss dice que “la empatía es la clave para llegar al perdón”. Pensé en ello. Aún lo hago. Creo que necesito perdonarme algunas cosas, ¿no te ha pasado? Además de sólo empatía personal, también creo que se necesita con aquellos que han intervenido de manera negativa en nuestras vidas… Luego, me vino a la mente una canción de Meza donde dice “amar es cosa fácil, se puede uno morir en la cruz…” No sé, creo que estoy mentalmente enmarañado.
Hace tiempo que pienso en una fórmula extraña para poder descubrir un algo que no preciso.
Mientras me mantenía con los ojos cerrados, ha venido a mí una suerte de revelación:
Hay un lugar en alguna parte del mundo – quizá más lejos-, se trata de un pequeño pueblo rodeado en su parte sur por dos montañas extendidas. Justo en donde confluyen las dos pendientes nace un río caudaloso que también secciona en dos al pueblito.
En la parte oeste, existe un terraplén sobre el que se cuelgan cabezas de animales muertos: venados, jabalíes, reces, asnos, tlacuaches y hasta coyotes. Detrás del parapeto hay una casa de barro rojo y techo de palma.
En el patio hay huellas de botas. Muchas botas.
Desde que cruzo el río siento una presencia detrás de mí. Tal vez sea porque vagamente recuerdo que los fantasmas no pueden atravesar el agua de los ríos y arroyos, y éstos están del mismo lado que yo.
Hay un amuleto en mis manos, es un colguijo formado por muelas humanas, un ojo de venado, plumas de cuervo, una cruz de barro que, curiosamente, está invertida, un pedazo de tela negra que no sé qué es. Todo está unido por lo que se supone son tripas de gato ya secas. Recuerdo apretar este amuleto para sentirme protegido.
En la puerta de la casa hay colgado un ángel que toca un clarín. El angelito es moreno y mira hacia la izquierda. De sus ojos color cereza escurre sangre.
Cada vez que entro en la casa descubro la misma escena: detrás de un fogón se oculta un niño de escasos 4 años. Los ojos están desorbitados y miran vagamente con rastros de haber llorado ya durante muchos días. En un rincón, hay una mujer sentada con la cabeza reclinada sobre su hombro derecho. Debajo de su amplia falda hay un charco de sangre, un olor fétido escapa del mismo. Al levantar la tela, descubro un feto que se pudre hace tiempo. Luego, el niño oculto tras el fogón canturrea las siguientes palabras:
Somos la placenta
de una hecatombe,
la alimentamos a diario.
Si el juicio final acontece
es culpa nuestra.
Ya no tenía ganas de ver todo esto y me moví sobre mi cama para, finalmente, abrir los ojos y echar por la borda todo el efecto de la pomada sobre mi vista. “Estos ejercicios de relajación no me llevarán a nada bueno”, pensé.
Sentarse al borde del abismo tiene sus ventajas, al menos así lo supongo, se puede ver el infierno desde lejos sin quemarse. Espero que no pase algún gracioso y me empuje.
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“… y a veces cuando uno está triste necesita a alguien que diga frases como “qué lástima” o “no me digas” o “a poco””. Toño Malpica, Las mejores alas.
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Cuando esta tumba destruya mis huesos,
cuando mi lengua no pueda cantar
y de entre los muertos inicie el regreso
perdiendo el rastro al viejo guardián
yo ¿a dónde iré sin ti?
Arturo Meza
Nunca tuve un ataque de conjuntivitis como del que recientemente me alivié. Por ende, no había tenido la necesidad de mantenerme con los ojos cerrados mientras la pomada hacía su trabajo, el asunto resultó hasta introspectivo y me mantuvo ocupado pensando en el perdón y la culpa.
Considero que siempre una cosa lleva a otra, por tanto, esta sucesión de eventos se vio coronada cuando al fin llegué al final del capítulo 4 de un libro que estoy leyendo, allí, Brian Weiss dice que “la empatía es la clave para llegar al perdón”. Pensé en ello. Aún lo hago. Creo que necesito perdonarme algunas cosas, ¿no te ha pasado? Además de sólo empatía personal, también creo que se necesita con aquellos que han intervenido de manera negativa en nuestras vidas… Luego, me vino a la mente una canción de Meza donde dice “amar es cosa fácil, se puede uno morir en la cruz…” No sé, creo que estoy mentalmente enmarañado.
Hace tiempo que pienso en una fórmula extraña para poder descubrir un algo que no preciso.
Mientras me mantenía con los ojos cerrados, ha venido a mí una suerte de revelación:
Hay un lugar en alguna parte del mundo – quizá más lejos-, se trata de un pequeño pueblo rodeado en su parte sur por dos montañas extendidas. Justo en donde confluyen las dos pendientes nace un río caudaloso que también secciona en dos al pueblito.
En la parte oeste, existe un terraplén sobre el que se cuelgan cabezas de animales muertos: venados, jabalíes, reces, asnos, tlacuaches y hasta coyotes. Detrás del parapeto hay una casa de barro rojo y techo de palma.
En el patio hay huellas de botas. Muchas botas.
Desde que cruzo el río siento una presencia detrás de mí. Tal vez sea porque vagamente recuerdo que los fantasmas no pueden atravesar el agua de los ríos y arroyos, y éstos están del mismo lado que yo.
Hay un amuleto en mis manos, es un colguijo formado por muelas humanas, un ojo de venado, plumas de cuervo, una cruz de barro que, curiosamente, está invertida, un pedazo de tela negra que no sé qué es. Todo está unido por lo que se supone son tripas de gato ya secas. Recuerdo apretar este amuleto para sentirme protegido.
En la puerta de la casa hay colgado un ángel que toca un clarín. El angelito es moreno y mira hacia la izquierda. De sus ojos color cereza escurre sangre.
Cada vez que entro en la casa descubro la misma escena: detrás de un fogón se oculta un niño de escasos 4 años. Los ojos están desorbitados y miran vagamente con rastros de haber llorado ya durante muchos días. En un rincón, hay una mujer sentada con la cabeza reclinada sobre su hombro derecho. Debajo de su amplia falda hay un charco de sangre, un olor fétido escapa del mismo. Al levantar la tela, descubro un feto que se pudre hace tiempo. Luego, el niño oculto tras el fogón canturrea las siguientes palabras:
Somos la placenta
de una hecatombe,
la alimentamos a diario.
Si el juicio final acontece
es culpa nuestra.
Ya no tenía ganas de ver todo esto y me moví sobre mi cama para, finalmente, abrir los ojos y echar por la borda todo el efecto de la pomada sobre mi vista. “Estos ejercicios de relajación no me llevarán a nada bueno”, pensé.
Sentarse al borde del abismo tiene sus ventajas, al menos así lo supongo, se puede ver el infierno desde lejos sin quemarse. Espero que no pase algún gracioso y me empuje.
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“… y a veces cuando uno está triste necesita a alguien que diga frases como “qué lástima” o “no me digas” o “a poco””. Toño Malpica, Las mejores alas.
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jueves, 22 de julio de 2010
Las Chicatanas
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“Yo te conozco de antes
desde antes del ayer
yo te conozco de antes
cuando me fui, no me alejé”
Fito Páez
desde antes del ayer
yo te conozco de antes
cuando me fui, no me alejé”
Fito Páez
Confirmado: salgo a las 2 al Congreso Consultivo sobre las Dimensiones Paralelas a efectuarse con miembros del Stooch.
Esta semana trabajé en la limpieza del terreno que tenemos en la casa. Sembramos maíz y frijol y de paso arrimamos tierra a las matitas de ajo que se niegan a morir.
Les dejo esto que vino a mi mente en uno de esos días en que andaba por San Bernachi…
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Las Chicatanas
Después que la hormiga trajo el maíz a los habitantes de la tierra, se dedicó a recoger intensamente su alimento para los meses de frío intenso.
Los hombres cultivaron la tierra y la abundancia que su trabajo traía consigo les hizo olvidar a las hormigas, quienes cada vez fueron menos visitadas por los principales, incluso, se llegó a echarlas de los campos de cultivo por considerarlas inoportunas.
Las nuevas generaciones de hombres no sabían nada de la importancia de la hormiga porque sus padres habían olvidado contarles acerca de los peligros que ella había atravesado para poder otorgarles tan preciado tesoro.
Así, la hormiga inició una vida fluctuante entre la persecución y el abandono, sin dejar de trabajar, porque, si hay algo que caracteriza a la hormiga es su perseverancia y resistencia, por supuesto, a pesar de haber sido confinada a vivir muy lejos de las casas de los hombres.
Sin embargo, vino un tiempo de oscuridad.
El brillo del sol era contenido por un muro de nubes negras que se negaban a dejar caer la lluvia.
Sin sol y sin lluvia, el campo se convirtió en un páramo infértil donde comenzaron a abundar reptiles venenosos, parcos espinales y enredaderas que invadieron las casas de los hombres.
La gente tuvo que refugiarse en cuevas.
El viento gélido pronto invadió cada rincón y pequeños fragmentos de hielo comenzaron a formarse en las ramas de las plantas que, poco a poco fueron muriendo de frío.
Los hombres no podían mantener encendidas sus fogatas porque el aire frío se tornó más violento a los 33 días de haberse ocultado el sol.
Sólo la hormiga, acostumbrada a vivir abajo, en la penumbra, en el olvido, había logrado acumular suficiente alimento para soportar esa era oscura. La Tierra, madre y mujer al fin de cuentas, acogió con amor a la hormiga y en su seno le brindó el calor necesario.
Los hombres ofrecieron sacrificios, culparon a los dioses y al final, dejaron de creer en sus deidades. Sus ojos estaban llenos de una mezcolanza de miedo, desesperación y rabia. El amor se murió dentro de ellos y no vieron más que por ellos mismos.
Una mañana, una hormiga anciana sintió en su corazón el dolor de los hombres mientras saboreaba un guisado de espigas de maíz.
Aparto de su vista el manjar y durante toda la tarde y noche consultó su oráculo hormiguil, habló con los dioses del maíz y con la madre Tierra, ofreció ofrendas de cempasúchil, cacao y semillas de calabaza. Los dioses y la Tierra hablaron al amparo de un altar construido en el interior del arrieral y le hicieron ver que de nada sirve vivir egoístamente, procurando el beneficio propio mientras sus hermanos, los hombres, morían de hambre y frío. Al alba tenía una resolución.
Por instrucciones de la anciana mayor, un grupo selecto de arrieras comenzaron a comer en sobremanera hasta desarrollar un cuerpo muy grande, con la colita rellena de grasa, muy necesaria para poder conservar el calor en tiempos de frío.
La hormiga anciana había dejado de ser un ser decrépito para convertirse en una prominente hormiga, lo suficientemente grande para poder ser notada a gran distancia.
La Tierra se dio cuenta del plan de la hormiga anciana y contribuyó otorgándoles a cada una de ellas un par de alas, sólo que, por las prisas, no pudieron ser de tan buena calidad como las de las aves, sin embargo, servían para no ser reconocidas como hormigas por los hombres, así no podrían echarlas de sus cuevas.
Cuando ya la noche había caído, las enormes hormigas aladas salieron de su arrieral y se enfilaron volando hacia los lugares altos donde los hombres habían logrado vivir.
Ellos yacían hacinados en el polvo. Su piel morena se había tornado grisácea y en sus cabellos pendían trozos de barro. El hedor a muerte se esparcía por todo el ambiente. Los niños portaban llagas por todo el cuerpo.
La hormiga anciana, que lideraba el grupo, estuvo a punto de llorar al ver esa escena tan desolada, pero aguantó el vuelo y se posó en la nariz de una niña moribunda, caminó hasta sus labios y se introdujo lentamente en su boca.
Las otras hormigas aladas hicieron lo mismo con otros cuerpos mortecinos y, al poco rato, el semblante de los hombres se tornó más vivaz, de tal modo que pudieron atrapar más hormigas y comieron hasta saciarse. La muerte había cedido.
El sacrificio de las hormigas nunca fue conocido como tal, debido a que los hombres, ingratos por naturaleza, llamaron chicatanas a esas grandes hormigas aladas que no los dejaron morir y continuaron maltratando a las hormigas.
Incluso en nuestros días, cada vez que el cielo se llena de nubes negras, debajo de la tierra se comienzan a preparar un ejército de hormigas que repiten el ritual de alimentar con sus cuerpos al hombre. Aunque la lluvia nos visite, ellas no olvidan que hubo un día en que el hombre casi muere y por eso regresan una y otra vez.
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P.D.: Para quien no las haya visto, así se ven las chicatanas:
Dicen que, de alguna manera, los muertos nos merodean en espera de un espacio para ser escuchados. A menudo los comparo con las minorías del mundo. Tal vez debamos hacerles más caso en tiempos tan oscuros como éstos.
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sábado, 17 de julio de 2010
Qué Hongo Mi Champiñón!!
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“Oh señor, separa mi camino de mis enemigos
escucha lo que digo y te pido
cuida de los míos apártalos del mal y protegelos del frío”
Zona Ganjah
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“Oh señor, separa mi camino de mis enemigos
escucha lo que digo y te pido
cuida de los míos apártalos del mal y protegelos del frío”
Zona Ganjah
Y bueno, acá de nuevo.
Se terminó el curso de Conafe. El día de la clausura me vino un lapsus de tristeza por lo que iba a dejar de vivir en ese momento (era mi nirvana) pero bueno, así es esta onda de lo ciclos y sé que algo nuevo que vivir vendrá, como alguna vez me dijo Majo “es en la pluralidad donde se da la verdadera experiencia del ser”, así que estos ojos están abiertos a conocer cualquier cosa que venga – con los riesgos que esta declaración implica-.
Me despedí efusivamente de mis niños y prometí volver, esto no sé si debí hacerlo pero trataré de regresar porque aún hay muchas leyendas y rituales que conocer.
Después de ir a comer chivo casero y montés en casa de Julián, salimos en la madrugada hacia Miahuatlán, participamos de unos tacos al pastor que preparó mi hermano en la casa.
Al otro día, nos fuimos a Huatulco.
Pasé dos días a la casa del Chuy y al botanero de Tere en compañía de Julián, al que me traje para que conociera el mar y se despejara de sus múltiples ocupaciones diarias. Pasé dos veces a buscar a Viri pero no estaba, luego, me desconoció en el cel, así que me la debe (:@) (Qué bueno que te haya gustado la letra de la canción para La Huevita… te falta inventar la tonada).
Julián me comentó que le había gustado mucho el mar y que le cayeron muy bien los miembros del Stooch a los que conoció, quienes, por cierto, se portaron a la altura de la situación y le brindaron hospitalidad a mi muchacho. A pesar de que casi no puede dormir, así como Mamá Elena (tiene problemas con el sueño: no se le quita), se divirtió en la costa y pss también acá en la casa. Mi mamá le insiste en que se quede y que estudie la secundaria en Cuixtla, pero bueno, ojalá que él lo piense y que decida lo que crea más conveniente.
Por último, pensé que me iba a ir en blanco, pero apareció oportunamente una tella de Clan McGregor (qué? qué? cómo? no pss no sabía de su existencia) mezclada con Amaretto, dos tragos nomás para aguantar a ver Toy Story 3 y por si mi hermana me hablaba de repente.
El día 12 nació Asaf y tuve la dicha de irlo a conocer al hospital. Sigo sin dejarme de asombrar del milagro de la vida, “la magia del sexo y la reproducción” como dice Meza. Chuy, Cannabis y yo nos hicimos cargo de Abiel y de Julián y los llevamos a la playa. A decir verdad, Fanny y Viri subestiman nuestra capacidad para realizar labores de nanos, (salvo porque Cannabis y Chuy se durmieron en la playa y Abiel se me enfermó en la madrugada, pero pss a cualquiera le pasa).
Y bueno, pasé por el “reclu-umar” como dice Viri, fui a buscar a Tenor pero lo hallé en los pasillos, así que me retiré porque tenía que salir hacia mi casa. Pero antes de irme, el Sargento y el Comandante tenían un hicho y con eso bastó para sonsear un rato y demorar la salida hasta las 4 de la tarde. Me fui de Hux bien contento… seeee… muuuuuuuy contento…. “Fumando vamos a casa…”
Ya en Cuixtla, Julián fue convencido por la familia para que se quedara otros días. Está asistiendo a un curso bíblico de verano donde está haciendo unas manualidades. Yo vine a despejar la mente porque ando acordándome mucho de unas cuestiones punzocortantes para el alma, así que mejor voy a ver un partido de básquet y a deleitar la pupila “con tanta cara linda en el barrio” (Calle 13, 2009).
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Medio, índice y pulgar
de ambas manos
digitan besos kamikazes
que golpean impertinentes
las puertas de tu
corazón cerrado.
El deseo es un ariete
alimentado por tus fotos.
Tras tus gafas especulo
un universo, un laberinto
con final de voraz
trituradora.
Y yo que sólo quiero hacer
que te enamores de mí
para enamorarme luego.
Y te digo:
Ámame que me supura,
me arde el corazón de amor.
Quiéreme
que la izquierda se pervierte
y ser rebelde es una moda.
Ámame ahora que podemos
salir sin que invadan
nuestras calles los soldados.
Quiéreme que se acerca
el fin de los tiempos,
la era del demonio en la tierra.
La peste en los corazones.
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Se terminó el curso de Conafe. El día de la clausura me vino un lapsus de tristeza por lo que iba a dejar de vivir en ese momento (era mi nirvana) pero bueno, así es esta onda de lo ciclos y sé que algo nuevo que vivir vendrá, como alguna vez me dijo Majo “es en la pluralidad donde se da la verdadera experiencia del ser”, así que estos ojos están abiertos a conocer cualquier cosa que venga – con los riesgos que esta declaración implica-.
Me despedí efusivamente de mis niños y prometí volver, esto no sé si debí hacerlo pero trataré de regresar porque aún hay muchas leyendas y rituales que conocer.
Después de ir a comer chivo casero y montés en casa de Julián, salimos en la madrugada hacia Miahuatlán, participamos de unos tacos al pastor que preparó mi hermano en la casa.
Al otro día, nos fuimos a Huatulco.
Pasé dos días a la casa del Chuy y al botanero de Tere en compañía de Julián, al que me traje para que conociera el mar y se despejara de sus múltiples ocupaciones diarias. Pasé dos veces a buscar a Viri pero no estaba, luego, me desconoció en el cel, así que me la debe (:@) (Qué bueno que te haya gustado la letra de la canción para La Huevita… te falta inventar la tonada).
Julián me comentó que le había gustado mucho el mar y que le cayeron muy bien los miembros del Stooch a los que conoció, quienes, por cierto, se portaron a la altura de la situación y le brindaron hospitalidad a mi muchacho. A pesar de que casi no puede dormir, así como Mamá Elena (tiene problemas con el sueño: no se le quita), se divirtió en la costa y pss también acá en la casa. Mi mamá le insiste en que se quede y que estudie la secundaria en Cuixtla, pero bueno, ojalá que él lo piense y que decida lo que crea más conveniente.
Por último, pensé que me iba a ir en blanco, pero apareció oportunamente una tella de Clan McGregor (qué? qué? cómo? no pss no sabía de su existencia) mezclada con Amaretto, dos tragos nomás para aguantar a ver Toy Story 3 y por si mi hermana me hablaba de repente.
El día 12 nació Asaf y tuve la dicha de irlo a conocer al hospital. Sigo sin dejarme de asombrar del milagro de la vida, “la magia del sexo y la reproducción” como dice Meza. Chuy, Cannabis y yo nos hicimos cargo de Abiel y de Julián y los llevamos a la playa. A decir verdad, Fanny y Viri subestiman nuestra capacidad para realizar labores de nanos, (salvo porque Cannabis y Chuy se durmieron en la playa y Abiel se me enfermó en la madrugada, pero pss a cualquiera le pasa).
Y bueno, pasé por el “reclu-umar” como dice Viri, fui a buscar a Tenor pero lo hallé en los pasillos, así que me retiré porque tenía que salir hacia mi casa. Pero antes de irme, el Sargento y el Comandante tenían un hicho y con eso bastó para sonsear un rato y demorar la salida hasta las 4 de la tarde. Me fui de Hux bien contento… seeee… muuuuuuuy contento…. “Fumando vamos a casa…”
Ya en Cuixtla, Julián fue convencido por la familia para que se quedara otros días. Está asistiendo a un curso bíblico de verano donde está haciendo unas manualidades. Yo vine a despejar la mente porque ando acordándome mucho de unas cuestiones punzocortantes para el alma, así que mejor voy a ver un partido de básquet y a deleitar la pupila “con tanta cara linda en el barrio” (Calle 13, 2009).
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Medio, índice y pulgar
de ambas manos
digitan besos kamikazes
que golpean impertinentes
las puertas de tu
corazón cerrado.
El deseo es un ariete
alimentado por tus fotos.
Tras tus gafas especulo
un universo, un laberinto
con final de voraz
trituradora.
Y yo que sólo quiero hacer
que te enamores de mí
para enamorarme luego.
Y te digo:
Ámame que me supura,
me arde el corazón de amor.
Quiéreme
que la izquierda se pervierte
y ser rebelde es una moda.
Ámame ahora que podemos
salir sin que invadan
nuestras calles los soldados.
Quiéreme que se acerca
el fin de los tiempos,
la era del demonio en la tierra.
La peste en los corazones.
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Este es Julián en "El Tejoncito":
Y esta fue la foto grupal toda vez que terminamos el curso comunitario:
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viernes, 2 de julio de 2010
Canción de cuna para un Huevito
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“Fumando vamos a casa
Cultivando amor
Cosecharé esperanza”
Zona Ganjah
Vi por fin un fragmento de cielo azul tras cuatro días de intensa lluvia en San Bernachi. Hizo un frío de perros que resultó positivo para el nacimiento de una gran variedad de hongos que constituyeron mi dieta esta semana. Es la primera vez que como más de 7 tipos de hongos, con antidoping previo, a fin de evitar la loquera en la comunidad.
El día lunes comí armadillo. Los señores lo frieron con pitiona (una yerbita para sazonar) y quedó riquísimo, qué puedo decir, hacía tiempo que no probaba tan exquisito manjar.
Regresé entre la llovizna a mi casa el día jueves porque, hoy fue la clausura la nena de la casa, así que no podía perderme semejante acontecimiento. Nos fuimos a ver la ceremonia de clausura al CBTis donde estudié el bachillerato y recordé con mucho entusiasmo mis años de bachiller (en los que casi no asistí pero me hice de un grupo sólido de amigos). Vi la irreverencia de “los Eléctricos” y escuché de nuevo a la banda de guerra de la escuela.
Por falta de costumbre, saludé a la bandera cuando se cantaba el himno, cosa que los civiles no hacemos, y para acabar de evidenciarme, mi viejecita linda se encargó de apartar lugares de primera fila, así que muchos vieron mi distracción. Luego, como no me sé muy bien el himno nacional pss tuve que hacerle como que cantaba.
El los honores a la bandera pss todo trancas, me emocioné al ver a mi nena marchando (lo del sentido patriótico dejémoslo para otro día, hoy no tengo ganas de discutir mi concepción de patria), y creo, en definitiva, que si hay algo que ha formado parte de mi identidad, es haber conocido a mi grupo de maleantes en aquellos años, para nada imaginaba que me iba a encontrar otros “piores” en la Umiar.
Y bueno, no hay festejo hasta el sábado 10.
Ya luego me vine a la casa porque no había barrido mi cuarto en semanas y mi mamá me miró así como que con cara de pocos amigos, y mejor me puse a desenterrar las ruinas de mi habitación.
Por cierto, mi viejita linda cumplió años el 26, así que me fui a buscarle algo para darle, pero no encontraba nada, así que (saque la imaginación pinchísima) le compré un bolso, supongo que le gustó más porque yo se o hubiera dado qué por el bolso, luego, me robé una rosa de su propio jardín y se la regalé. ¡Cómo quiero a esa condenadota!
Y bueno, me fui, les dejo esto que escribí para Viri y su “Huevito”. Es una pequeña canción de cuna que, curiosamente, carece de una tonada definida, así que eso le toca a la feliz madre. Está de más decirlo pero, Viri: sabes bien que te quiero mucho y que tengo mucha ilusión de ver a tu nene, aún tengo una sorpresa (que ya no es tan sorpresa) pendiente, espero que quede mejor de cómo la estoy pensando.
Canción de cuna para Larissa
Eres suave estambre,
felpa delicada,
un beso de ángel
por la madrugada.
Tintineo de gotas
de rocío fresco
dentro de mi vientre,
algodón del cielo.
Arenita tibia,
brisa de la playa,
canto de gaviotas,
suave polvo de hadas.
No tengo qué darte,
burbujita mía,
por ahora sólo
te ofrezco la vida.
Para compartirte
mi amor y ternura
te canto este breve
arrullo de cuna.
Duerme, pequeñita,
duerme, vive y sueña
que mis alas tibias
ansiosas te esperan.
*
Me fui, ya casi empieza a llover en Miahuatlán y como que las calles tenían un olor medio sospechoso hoy por la mañana, espero que no se alborote con el agua, suficiente hay con el movimiento electorero como para que encima el ambiente se empañe de olor a cañería.
Por cierto, estoy al pendiente de la amenaza Stoochera de reunirnos en San José, por cierto, ese pueblo se ve desde San Bernardo, tal vez haga una ruta alternativa en línea recta (favor de recoger lo que quede de mí).
***
**
*
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*
“Fumando vamos a casa
Cultivando amor
Cosecharé esperanza”
Zona Ganjah
Vi por fin un fragmento de cielo azul tras cuatro días de intensa lluvia en San Bernachi. Hizo un frío de perros que resultó positivo para el nacimiento de una gran variedad de hongos que constituyeron mi dieta esta semana. Es la primera vez que como más de 7 tipos de hongos, con antidoping previo, a fin de evitar la loquera en la comunidad.
El día lunes comí armadillo. Los señores lo frieron con pitiona (una yerbita para sazonar) y quedó riquísimo, qué puedo decir, hacía tiempo que no probaba tan exquisito manjar.
Regresé entre la llovizna a mi casa el día jueves porque, hoy fue la clausura la nena de la casa, así que no podía perderme semejante acontecimiento. Nos fuimos a ver la ceremonia de clausura al CBTis donde estudié el bachillerato y recordé con mucho entusiasmo mis años de bachiller (en los que casi no asistí pero me hice de un grupo sólido de amigos). Vi la irreverencia de “los Eléctricos” y escuché de nuevo a la banda de guerra de la escuela.
Por falta de costumbre, saludé a la bandera cuando se cantaba el himno, cosa que los civiles no hacemos, y para acabar de evidenciarme, mi viejecita linda se encargó de apartar lugares de primera fila, así que muchos vieron mi distracción. Luego, como no me sé muy bien el himno nacional pss tuve que hacerle como que cantaba.
El los honores a la bandera pss todo trancas, me emocioné al ver a mi nena marchando (lo del sentido patriótico dejémoslo para otro día, hoy no tengo ganas de discutir mi concepción de patria), y creo, en definitiva, que si hay algo que ha formado parte de mi identidad, es haber conocido a mi grupo de maleantes en aquellos años, para nada imaginaba que me iba a encontrar otros “piores” en la Umiar.
Y bueno, no hay festejo hasta el sábado 10.
Ya luego me vine a la casa porque no había barrido mi cuarto en semanas y mi mamá me miró así como que con cara de pocos amigos, y mejor me puse a desenterrar las ruinas de mi habitación.
Por cierto, mi viejita linda cumplió años el 26, así que me fui a buscarle algo para darle, pero no encontraba nada, así que (saque la imaginación pinchísima) le compré un bolso, supongo que le gustó más porque yo se o hubiera dado qué por el bolso, luego, me robé una rosa de su propio jardín y se la regalé. ¡Cómo quiero a esa condenadota!
Y bueno, me fui, les dejo esto que escribí para Viri y su “Huevito”. Es una pequeña canción de cuna que, curiosamente, carece de una tonada definida, así que eso le toca a la feliz madre. Está de más decirlo pero, Viri: sabes bien que te quiero mucho y que tengo mucha ilusión de ver a tu nene, aún tengo una sorpresa (que ya no es tan sorpresa) pendiente, espero que quede mejor de cómo la estoy pensando.
Canción de cuna para Larissa
Eres suave estambre,
felpa delicada,
un beso de ángel
por la madrugada.
Tintineo de gotas
de rocío fresco
dentro de mi vientre,
algodón del cielo.
Arenita tibia,
brisa de la playa,
canto de gaviotas,
suave polvo de hadas.
No tengo qué darte,
burbujita mía,
por ahora sólo
te ofrezco la vida.
Para compartirte
mi amor y ternura
te canto este breve
arrullo de cuna.
Duerme, pequeñita,
duerme, vive y sueña
que mis alas tibias
ansiosas te esperan.
*
Me fui, ya casi empieza a llover en Miahuatlán y como que las calles tenían un olor medio sospechoso hoy por la mañana, espero que no se alborote con el agua, suficiente hay con el movimiento electorero como para que encima el ambiente se empañe de olor a cañería.
Por cierto, estoy al pendiente de la amenaza Stoochera de reunirnos en San José, por cierto, ese pueblo se ve desde San Bernardo, tal vez haga una ruta alternativa en línea recta (favor de recoger lo que quede de mí).
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