jueves, 22 de julio de 2010

Las Chicatanas

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“Yo te conozco de antes
desde antes del ayer
yo te conozco de antes
cuando me fui, no me alejé”

Fito Páez

Confirmado: salgo a las 2 al Congreso Consultivo sobre las Dimensiones Paralelas a efectuarse con miembros del Stooch.
Esta semana trabajé en la limpieza del terreno que tenemos en la casa. Sembramos maíz y frijol y de paso arrimamos tierra a las matitas de ajo que se niegan a morir.
Les dejo esto que vino a mi mente en uno de esos días en que andaba por San Bernachi…

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Las Chicatanas

Después que la hormiga trajo el maíz a los habitantes de la tierra, se dedicó a recoger intensamente su alimento para los meses de frío intenso.
Los hombres cultivaron la tierra y la abundancia que su trabajo traía consigo les hizo olvidar a las hormigas, quienes cada vez fueron menos visitadas por los principales, incluso, se llegó a echarlas de los campos de cultivo por considerarlas inoportunas.
Las nuevas generaciones de hombres no sabían nada de la importancia de la hormiga porque sus padres habían olvidado contarles acerca de los peligros que ella había atravesado para poder otorgarles tan preciado tesoro.
Así, la hormiga inició una vida fluctuante entre la persecución y el abandono, sin dejar de trabajar, porque, si hay algo que caracteriza a la hormiga es su perseverancia y resistencia, por supuesto, a pesar de haber sido confinada a vivir muy lejos de las casas de los hombres.
Sin embargo, vino un tiempo de oscuridad.
El brillo del sol era contenido por un muro de nubes negras que se negaban a dejar caer la lluvia.
Sin sol y sin lluvia, el campo se convirtió en un páramo infértil donde comenzaron a abundar reptiles venenosos, parcos espinales y enredaderas que invadieron las casas de los hombres.
La gente tuvo que refugiarse en cuevas.
El viento gélido pronto invadió cada rincón y pequeños fragmentos de hielo comenzaron a formarse en las ramas de las plantas que, poco a poco fueron muriendo de frío.
Los hombres no podían mantener encendidas sus fogatas porque el aire frío se tornó más violento a los 33 días de haberse ocultado el sol.
Sólo la hormiga, acostumbrada a vivir abajo, en la penumbra, en el olvido, había logrado acumular suficiente alimento para soportar esa era oscura. La Tierra, madre y mujer al fin de cuentas, acogió con amor a la hormiga y en su seno le brindó el calor necesario.
Los hombres ofrecieron sacrificios, culparon a los dioses y al final, dejaron de creer en sus deidades. Sus ojos estaban llenos de una mezcolanza de miedo, desesperación y rabia. El amor se murió dentro de ellos y no vieron más que por ellos mismos.
Una mañana, una hormiga anciana sintió en su corazón el dolor de los hombres mientras saboreaba un guisado de espigas de maíz.
Aparto de su vista el manjar y durante toda la tarde y noche consultó su oráculo hormiguil, habló con los dioses del maíz y con la madre Tierra, ofreció ofrendas de cempasúchil, cacao y semillas de calabaza. Los dioses y la Tierra hablaron al amparo de un altar construido en el interior del arrieral y le hicieron ver que de nada sirve vivir egoístamente, procurando el beneficio propio mientras sus hermanos, los hombres, morían de hambre y frío. Al alba tenía una resolución.
Por instrucciones de la anciana mayor, un grupo selecto de arrieras comenzaron a comer en sobremanera hasta desarrollar un cuerpo muy grande, con la colita rellena de grasa, muy necesaria para poder conservar el calor en tiempos de frío.
La hormiga anciana había dejado de ser un ser decrépito para convertirse en una prominente hormiga, lo suficientemente grande para poder ser notada a gran distancia.
La Tierra se dio cuenta del plan de la hormiga anciana y contribuyó otorgándoles a cada una de ellas un par de alas, sólo que, por las prisas, no pudieron ser de tan buena calidad como las de las aves, sin embargo, servían para no ser reconocidas como hormigas por los hombres, así no podrían echarlas de sus cuevas.
Cuando ya la noche había caído, las enormes hormigas aladas salieron de su arrieral y se enfilaron volando hacia los lugares altos donde los hombres habían logrado vivir.
Ellos yacían hacinados en el polvo. Su piel morena se había tornado grisácea y en sus cabellos pendían trozos de barro. El hedor a muerte se esparcía por todo el ambiente. Los niños portaban llagas por todo el cuerpo.
La hormiga anciana, que lideraba el grupo, estuvo a punto de llorar al ver esa escena tan desolada, pero aguantó el vuelo y se posó en la nariz de una niña moribunda, caminó hasta sus labios y se introdujo lentamente en su boca.
Las otras hormigas aladas hicieron lo mismo con otros cuerpos mortecinos y, al poco rato, el semblante de los hombres se tornó más vivaz, de tal modo que pudieron atrapar más hormigas y comieron hasta saciarse. La muerte había cedido.
El sacrificio de las hormigas nunca fue conocido como tal, debido a que los hombres, ingratos por naturaleza, llamaron chicatanas a esas grandes hormigas aladas que no los dejaron morir y continuaron maltratando a las hormigas.
Incluso en nuestros días, cada vez que el cielo se llena de nubes negras, debajo de la tierra se comienzan a preparar un ejército de hormigas que repiten el ritual de alimentar con sus cuerpos al hombre. Aunque la lluvia nos visite, ellas no olvidan que hubo un día en que el hombre casi muere y por eso regresan una y otra vez.


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P.D.: Para quien no las haya visto, así se ven las chicatanas:


Dicen que, de alguna manera, los muertos nos merodean en espera de un espacio para ser escuchados. A menudo los comparo con las minorías del mundo. Tal vez debamos hacerles más caso en tiempos tan oscuros como éstos.


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sábado, 17 de julio de 2010

Qué Hongo Mi Champiñón!!



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“Oh señor, separa mi camino de mis enemigos
escucha lo que digo y te pido
cuida de los míos apártalos del mal y protegelos del frío”

Zona Ganjah


Y bueno, acá de nuevo.
Se terminó el curso de Conafe. El día de la clausura me vino un lapsus de tristeza por lo que iba a dejar de vivir en ese momento (era mi nirvana) pero bueno, así es esta onda de lo ciclos y sé que algo nuevo que vivir vendrá, como alguna vez me dijo Majo “es en la pluralidad donde se da la verdadera experiencia del ser”, así que estos ojos están abiertos a conocer cualquier cosa que venga – con los riesgos que esta declaración implica-.
Me despedí efusivamente de mis niños y prometí volver, esto no sé si debí hacerlo pero trataré de regresar porque aún hay muchas leyendas y rituales que conocer.
Después de ir a comer chivo casero y montés en casa de Julián, salimos en la madrugada hacia Miahuatlán, participamos de unos tacos al pastor que preparó mi hermano en la casa.
Al otro día, nos fuimos a Huatulco.
Pasé dos días a la casa del Chuy y al botanero de Tere en compañía de Julián, al que me traje para que conociera el mar y se despejara de sus múltiples ocupaciones diarias. Pasé dos veces a buscar a Viri pero no estaba, luego, me desconoció en el cel, así que me la debe (:@) (Qué bueno que te haya gustado la letra de la canción para La Huevita… te falta inventar la tonada).
Julián me comentó que le había gustado mucho el mar y que le cayeron muy bien los miembros del Stooch a los que conoció, quienes, por cierto, se portaron a la altura de la situación y le brindaron hospitalidad a mi muchacho. A pesar de que casi no puede dormir, así como Mamá Elena (tiene problemas con el sueño: no se le quita), se divirtió en la costa y pss también acá en la casa. Mi mamá le insiste en que se quede y que estudie la secundaria en Cuixtla, pero bueno, ojalá que él lo piense y que decida lo que crea más conveniente.
Por último, pensé que me iba a ir en blanco, pero apareció oportunamente una tella de Clan McGregor (qué? qué? cómo? no pss no sabía de su existencia) mezclada con Amaretto, dos tragos nomás para aguantar a ver Toy Story 3 y por si mi hermana me hablaba de repente.

El día 12 nació Asaf y tuve la dicha de irlo a conocer al hospital. Sigo sin dejarme de asombrar del milagro de la vida, “la magia del sexo y la reproducción” como dice Meza. Chuy, Cannabis y yo nos hicimos cargo de Abiel y de Julián y los llevamos a la playa. A decir verdad, Fanny y Viri subestiman nuestra capacidad para realizar labores de nanos, (salvo porque Cannabis y Chuy se durmieron en la playa y Abiel se me enfermó en la madrugada, pero pss a cualquiera le pasa).

Y bueno, pasé por el “reclu-umar” como dice Viri, fui a buscar a Tenor pero lo hallé en los pasillos, así que me retiré porque tenía que salir hacia mi casa. Pero antes de irme, el Sargento y el Comandante tenían un hicho y con eso bastó para sonsear un rato y demorar la salida hasta las 4 de la tarde. Me fui de Hux bien contento… seeee… muuuuuuuy contento…. “Fumando vamos a casa…”

Ya en Cuixtla, Julián fue convencido por la familia para que se quedara otros días. Está asistiendo a un curso bíblico de verano donde está haciendo unas manualidades. Yo vine a despejar la mente porque ando acordándome mucho de unas cuestiones punzocortantes para el alma, así que mejor voy a ver un partido de básquet y a deleitar la pupila “con tanta cara linda en el barrio” (Calle 13, 2009).




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Medio, índice y pulgar
de ambas manos
digitan besos kamikazes
que golpean impertinentes
las puertas de tu
corazón cerrado.

El deseo es un ariete
alimentado por tus fotos.
Tras tus gafas especulo
un universo, un laberinto
con final de voraz
trituradora.

Y yo que sólo quiero hacer
que te enamores de mí
para enamorarme luego.

Y te digo:

Ámame que me supura,
me arde el corazón de amor.
Quiéreme
que la izquierda se pervierte
y ser rebelde es una moda.

Ámame ahora que podemos
salir sin que invadan
nuestras calles los soldados.
Quiéreme que se acerca
el fin de los tiempos,
la era del demonio en la tierra.
La peste en los corazones.


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Este es Julián en "El Tejoncito":



Y esta fue la foto grupal toda vez que terminamos el curso comunitario:



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viernes, 2 de julio de 2010

Canción de cuna para un Huevito

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“Fumando vamos a casa
Cultivando amor
Cosecharé esperanza”

Zona Ganjah


Vi por fin un fragmento de cielo azul tras cuatro días de intensa lluvia en San Bernachi. Hizo un frío de perros que resultó positivo para el nacimiento de una gran variedad de hongos que constituyeron mi dieta esta semana. Es la primera vez que como más de 7 tipos de hongos, con antidoping previo, a fin de evitar la loquera en la comunidad.
El día lunes comí armadillo. Los señores lo frieron con pitiona (una yerbita para sazonar) y quedó riquísimo, qué puedo decir, hacía tiempo que no probaba tan exquisito manjar.
Regresé entre la llovizna a mi casa el día jueves porque, hoy fue la clausura la nena de la casa, así que no podía perderme semejante acontecimiento. Nos fuimos a ver la ceremonia de clausura al CBTis donde estudié el bachillerato y recordé con mucho entusiasmo mis años de bachiller (en los que casi no asistí pero me hice de un grupo sólido de amigos). Vi la irreverencia de “los Eléctricos” y escuché de nuevo a la banda de guerra de la escuela.
Por falta de costumbre, saludé a la bandera cuando se cantaba el himno, cosa que los civiles no hacemos, y para acabar de evidenciarme, mi viejecita linda se encargó de apartar lugares de primera fila, así que muchos vieron mi distracción. Luego, como no me sé muy bien el himno nacional pss tuve que hacerle como que cantaba.
El los honores a la bandera pss todo trancas, me emocioné al ver a mi nena marchando (lo del sentido patriótico dejémoslo para otro día, hoy no tengo ganas de discutir mi concepción de patria), y creo, en definitiva, que si hay algo que ha formado parte de mi identidad, es haber conocido a mi grupo de maleantes en aquellos años, para nada imaginaba que me iba a encontrar otros “piores” en la Umiar.
Y bueno, no hay festejo hasta el sábado 10.
Ya luego me vine a la casa porque no había barrido mi cuarto en semanas y mi mamá me miró así como que con cara de pocos amigos, y mejor me puse a desenterrar las ruinas de mi habitación.
Por cierto, mi viejita linda cumplió años el 26, así que me fui a buscarle algo para darle, pero no encontraba nada, así que (saque la imaginación pinchísima) le compré un bolso, supongo que le gustó más porque yo se o hubiera dado qué por el bolso, luego, me robé una rosa de su propio jardín y se la regalé. ¡Cómo quiero a esa condenadota!

Y bueno, me fui, les dejo esto que escribí para Viri y su “Huevito”. Es una pequeña canción de cuna que, curiosamente, carece de una tonada definida, así que eso le toca a la feliz madre. Está de más decirlo pero, Viri: sabes bien que te quiero mucho y que tengo mucha ilusión de ver a tu nene, aún tengo una sorpresa (que ya no es tan sorpresa) pendiente, espero que quede mejor de cómo la estoy pensando.


Canción de cuna para Larissa

Eres suave estambre,
felpa delicada,
un beso de ángel
por la madrugada.

Tintineo de gotas
de rocío fresco
dentro de mi vientre,
algodón del cielo.

Arenita tibia,
brisa de la playa,
canto de gaviotas,
suave polvo de hadas.

No tengo qué darte,
burbujita mía,
por ahora sólo
te ofrezco la vida.

Para compartirte
mi amor y ternura
te canto este breve
arrullo de cuna.

Duerme, pequeñita,
duerme, vive y sueña
que mis alas tibias
ansiosas te esperan.

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Me fui, ya casi empieza a llover en Miahuatlán y como que las calles tenían un olor medio sospechoso hoy por la mañana, espero que no se alborote con el agua, suficiente hay con el movimiento electorero como para que encima el ambiente se empañe de olor a cañería.
Por cierto, estoy al pendiente de la amenaza Stoochera de reunirnos en San José, por cierto, ese pueblo se ve desde San Bernardo, tal vez haga una ruta alternativa en línea recta (favor de recoger lo que quede de mí).


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lunes, 21 de junio de 2010

Conversación

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Y bueno, esta semana me enfermé. De hecho, sigo enfermo.
Mañana me lanzo a Ejutla, a ver qué tranza por esas tierras.
Mientras tanto, les dejo esto que hice hace cinco días... o más...

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¿Con que todo eso te pasó? Jajaja, ahora entiendo quién eres, pues a mí me pasó algo así. Todo empezó un domingo en Miahuatlán. Por andar de valiente con Juvencio se me fue el camión de las doce y ya no pude irme a buena hora a San Bernardo. Nadie me levantaba porque ni con pasamontañas podía ocultar el efecto de los mezcales.
Como pude me trepé en un camión de redilas y allí me fui entre la caca de las vacas que ya seguramente se habían vendido en Miahuatlán o en Ejutla, qué me importa, el chiste es que llegué a Santo Tomás tarde y bien pedo.
Ni bien puse un pie en la vereda, cayeron dos rayos y se soltó el agua. Todo se me juntó ese día: no llevaba las botas, ni impermeable y además la mochila de lona se me había quedado en la casa de mi mamá, así que todos mis papeles se mojaron entre esa bolsa de pana.
Ni pedo, no podía regresarme.
Caminé entre el lodo colorado del camino que, a cada rato, era iluminado con los relámpagos. Tropezaba constantemente porque tiritaba de frío y las piernas se me estaban entumiendo. Los mezcales ya se me habían escurrido junto con todo el sudor. Allí iba yo caminando como el cuche, con la cabeza para abajo, cuando vi la pinche zorra a medio camino.
Me quedé con los ojos bien abiertos y pensé en dar la vuelta, pero el animal me vio y me gruñó. Traté de retroceder, entonces me tropecé y sentí mi cuerpo bien ligerito rodando por entre el barranco. Toda esa zarza y maraña me fueron pelando el cuero, ni siquiera supe cuándo se me cayó la mochila, mucho menos mis zapatos.
No me di tiempo para sobarme, como pude subí la cuesta del cerro y llegué al camino. La zorra ya no estaba y, aunque estuviera, estaba bien encabronado porque por su culpa me caí. Lo mejor era que ni se asomara.
Enfilé hacia el pueblo y llegué entre el aguacero y la noche oscura.
Ni bien reconocí la casa comencé a llamar. Casi media hora pasó hasta que alguien se asomó. Allí me empecé a molestar porque, además de venir batido, madreado y asustado, tenía un chingo de hambre, los perros casi me mordían y, para rematar, la persona que salió no me hablaba. No vi si era mujer u hombre por la luz de la lámpara que me aventaba en la cara. Un buen rato estuvo haciendo eso hasta que por fin dijo: - ¿es usted, maestro?
Respondí que sí era yo, que estaba herido y que necesitaba que me espantara a los perros porque no me dejaban pasar.
- ¿De verdad es usted?- insistió.
- No juegue, doña, ¿quién más va a ser?-.
- A ver recoja esta piedra- dijo, mientras me arrojaba una piedra que se perdió entre las hojas secas de los yegareches.
- Ya, déjeme pasar, usted como tiene nailo ni se queja del agua-.
- Es que estoy sola, maestro, y me da miedo- gritaba.
- No se preocupe, me voy derecho para mi cuarto, pero ya háblele a sus perros- supliqué.
Con desconfianza, la mujer apedreó a sus perros hasta que pasé junto a ella. Estiró la mano para tocarme pero, por mero instinto, me hice a un lado y le dije que se calmara.
Me fui derecho a mi cuarto, me quité la ropa mojada y me dormí. Toda la noche me quejé entre sueños, sentía muy fuerte el dolor de las heridas.

Cuando desperté, estaba yo en medio del salón de clases. Bien acomodado entre el cajón. Apestaba a copal y a crisantemos. Los niñitos jugaban a hacerme cosquillas para convencerse de una buena vez que estaba tieso.
- Pobre maestro, todavía vino su ánima a dormir a su cuarto, bien que me di cuenta que no era él. Quién sabe a qué hora se habrá caído al barranco- dijo doña Lupe mientras la zorra se relamía los bigotes afuera de la casa.


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sábado, 12 de junio de 2010

I & I No Descansa

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"Hoy me quedo a escuchar
algunas canciones preferidas
Quiero ordenar los discosy
ver el futbol por televisión"
San Andrés Calamaro




Llovió de nuevo. Ya nos andábamos asustando porque ya casi era un mes sin agua y pss como es bien sabido, no sólo de tierra viven las plantas. Esperábamos que salieran chicatanas pero nos quedamos con las ganas.
El jueves cenamos panal de avispas asado, me dijeron los niños que no les dio tiempo de hacer salsa, pero que sabe riquísima.
Como no puedo tomar café, he tomado una variedad increíble de tés: de quelite, de hojas de naranjo, té limón, lima, lima limón, limón, guayaba, epazote y demás bondades botánicas que esta tierra nos brinda. También tomé – después de muchos años – atole de granillo, que – para los que no sepan, que conste- se prepara con maíz quebrado en el molino de mano, agua y canela, se endulza con azúcar pero, como esta semana no había, la señora utilizó miel y el resultado fue grandioso.
En la escuela todo bien, a excepción de un acta de nacimiento que no han podido tramitar por falta de dinero.
Ángel ya sabe leer oraciones de hasta 5 palabras, lo cual me hace sentir muy contento y a él también, porque ahora ya puede revisar lo que dicen algunos libros de la serie “Pocas Letras” que están dirigidos precisamente a aquellos niños que comienzan a leer.
Julián y Alma están repasando para el examen final, ellos egresan este año y posiblemente los lleve a conocer el mar – de Huatulco, por cierto- para festejar. Les insisto en que continúen sus estudios pero ellos francamente dicen que “eso de estudiar no sirve”, que prefieren ponerse a trabajar para poder ganar dinero.
Trato también de inspirarles confianza para el último examen, les digo que sólo es una prueba más, que no hay por qué angustiarse, les digo que estudien, que repasen sus apuntes, pero me causa cierta incomodidad el decirles que es por su bien, no sé, yo nunca lo he hecho y creo que por eso mismo me escucho falso, pero acaso es porque hay algo en mí que me dice que es la forma correcta de hacer las cosas (¿hay una forma correcta?).
Con Norberto y Vicky todo va bien, desarrollan las actividades sin dificultades y se sienten seguros de pasar de año, así que en estas clases de repaso, sólo han expresado dos o tres dudas, aunque, a decir verdad, me angustia el pensar en quedarme sin una respuesta para ellos, como que siento que debo ser muy cuidadoso en el modo en que explico las cosas, porque ellos hacen sus interpretaciones y sacan conjeturas muy curiosas, cosas que jamás se me hubieran ocurrido y cambian completamente el sentido de nuestra conversación.
Sobre todo, trato de tener mucho tacto cuando trabajamos Ciencias Sociales, suelo decir cada barbaridad con respecto a los héroes nacionales, que temo que un día se me escape una de esas cosas ante la clase y ellos tengan un conflicto con respecto a lo que han visto en años anteriores, sobre todo con muchas cosas de nuestra historia que son una farsa (fundacional y unificadora, pero farsa al fin, por no decir mentira).
En fin, Andrea no ha ido a clases, le he insistido y hasta llevé la dichosa canción de “La Iguana”, pero ni así. Con respecto a eso, esta semana llevé la grabadora y mis niños aprendieron la canción de “El bracero fracasado”, “La Iguana”, “Caminando” (de la Zona… faltaba más) y una de Tin Tan que se llama “El Piojo”. Las usamos para ver sinónimos y antónimos, pero acabaron convirtiéndose en el sonido ambiente para la cáscara de fucho que se disputa afuera del salón en el recreo y la hora de salida.

Mañana me voy de corrido los siete días de la semana, espero poder bajar al río a pescar chacales y ayudar en lo que pueda en la comunidad, de todos modos, no hago planes: nunca salen del modo en que se pretende.

Y bueno, con esto me fui. Hasta la próxima entrada de este su blog chacharero.

Con respecto al mundial… poco qué decir. Me torno un salvaje cuando de futbol se trata, así que llegué a mi casa sólo para ver el Argentina – Nigeria (qué gusto me da ver a Diego Armando al frente de la albiceleste, yo qué sé si es bueno o no, Diego es Diego y eso no se discute, con sólo verlo alucina uno); y también el Estados Unidos – Inglaterra (ah pero qué pendejo es ese portero, ni pedo, si hasta a mí me ha pasado, con mucho más razón a Green, qué se le va a hacer). Lo único que no me gustó es que no podré ver a Brasil, lástima, como que esa alegría con que juegan siempre me hace añorar con ir a ese país… y, hontestamente, también por ver a las brasileñas (mamasotas!!!).


Bueno, ahora sí, me fui.



P.D.: Me encanta Dios, tiene un humor definitivamente negro, como que polipolar, aunque ahora comprendo aquello de: “El que habita al abrigo del Altísimo…"(Salmos 91:1)


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domingo, 23 de mayo de 2010

Temores Peregrinos

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“Poco, mucho, algo,
casi casi, nada…
no siempre se cruzan
todas las miradas.”

Pedro Guerra


En esta semana yo vi…

… una luna punzocortante asomarse entre las nubes.
… un sendero sinuoso que llevaba hacia un arroyo.
… un arroyo de aguas argentas serpenteando entre las rocas.
… una cascabel aguardando mi siguiente paso.
… el filo de un machete que la partió en dos pedazos.
… un niño caminando frente a mí en medio de la noche.
… la felicidad del mudo repartida en dientes incompletos.
… una colmena desbordando miel al lado del camino.
… el cadáver de una víbora sorda volviendo nauseabunda a la tierra.
… un potro del color de la panela.
… un hombre construyendo casas de madera.
… un gol de chilenita en las afueras del salón.
… la ventana de conversación de la mujer que amo.
… los chacales más grandes de la sierra.
… el sendero del venado en medio del rastrojo.
… un ejército de gusanos invadiendo nuestros cuartos.
… las flores rojas y amarillas de los árboles de nanche.
… más de veinte truchas flotando en la cazuela.
… la raíz de huizache con la forma traviesa de un infante.
… las serpientes de fuego de los terrenos quemándose.
… las humaredas que la lluvia dejó tras su llegada.
… un cerdo herido por invadir lo ajeno.
… un niño de cuatro años pateado por un burro.
… un rifle 22 como el que mi papá tenía.
… los restos del panteón de San Bernardo.

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sábado, 15 de mayo de 2010

Chulin, Chulin, Cunflai

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La hijadesupinchemadre de la gastritis inició la revancha sin que pudiera ponerme los guantes y me hizo recordar que tengo un estómago de “muchito pedido” (Doña Chira, 2009) que no resiste. En el mismo lugar: un vacío. Un recuerdo embadurnado de nostalgia que me hacía suspirar mientras contemplaba la lluvia primogénita del cielo de mayo – ya en Cuixtla-.
Comienzo a notar que me encariño cada vez más con mis niños. Siento, a veces, que estoy mejor en San Bernachi que por cualquier lugar donde escuche todas esas manchitas grises de la vida que nos van minando el espíritu… pero soy adicto a la nostalgia y, en cierta medida, a la autodestrucción.
Este martes hicimos el convivio para festejar “el Día del Niño”. No’mbre, no es porque yo lo diga pero estuvo poca madre. Comimos arroz con leche, tamales, chicharrines, dulce de garbanzo y unos caramelos.
Luego, repartimos los juguetes. Como la solicitud que hicimos decía que eran 14 niños – ¿y de dónde? me pregunto - pss a mis chamacos les tocó doble regalo.

Por la noche nos atacó la indigestión. A todos.
También esa noche hubo fortuna para Don Fulano y una venada se atravesó en el camino de sus balas.
El asunto es delicado porque hay multas, por eso nadie habla de ello, y se habla menos cuando se tiene la boca llena de carne.

- Va a caer otro pronto.
- ¿Cómo lo sabe?
- Ya tronó la carne en la lumbre-, dijo el cazador mientras Doña Doña asaba unos brazuelos en el fogón, y agregó, - también, para que caiga otro, el que lo mató debe comerse el corazón de la presa-, y, diciendo y haciendo, cortó a la mitad el corazón del venado y se lo comió lentamente.

Recordé entonces a nuestros sacerdotes precolombinos, también recordé que los arcoíris son señales de que ha nacido un venado, recordé que, a veces, el demonio toma la forma de un venado, entre otras cosas, iba a seguir acordándome de más, pero preferí evitar que mi caldo se enfriara.
Al otro día hubo recalentado de venado, molito de conejo y ardilla asada, de hecho, ese fue el menú de la semana.
Ahora que regrese, podremos internarnos con confianza en el cerro. Cuando las hojas están secas, cualquier movimiento es perceptible para el venado, sobre todo cuando usa el oído que tiene entre las pezuñas. Esto me lo explicó también Don Fulano.
En la pezuña de los venados hay una abertura justo en medio, y allí existe un nervio muy sensible que el venado utiliza para captar vibraciones, de modo que, cuando escucha pasos en el bosque sólo necesita alzar su pata – la que sea- para escuchar con atención y emprender esa carrera que sólo ellos son capaces de desarrollar.
Regresé con el abrazo de agua de Dios pisándome los talones, pero, como ya he dicho, pude ver la lluvia desde mi puerta mientras mi mamá canturreaba himnos de gratitud por la lluvia. Pensé en San Bernardo y sus casitas de varas y barro, ojalá sí sean “lluvias de gracia” como canta mi mamá. También pensé en Matilde y en qué estará haciendo ahora, si se acordará de mí y sobre todo, si querrá volver a verme algún día. Además, recordé a Carmencita (hace dos semanas que te dejé un mensaje y no me contestas).
Les dejo esto que, alguna vez escribí para abatir el aburrimiento y luego envié a través de una ventana de conversación.




Pss.. érase una vez un punto. Un punto en el espacio.
Nadie sabía de su existencia y, en realidad, a nadie le interesaba tratar a este punto.
A diferencia de los puntos suspensivos o los puntos y seguido, este punto se hallaba solito, desempleado y sin nadie que le auxiliara.
Ser un don nadie le llevó a ser un milusos, alguna vez había sido una isla en un mapa, otras veces fue un lunar, otras más un accidente de tinta en una carta, pero, de alguna extraña manera siempre pasó desapercibido.
Acaso, la vez que más se acercó a ser algo, fue aquella en que una niña dibujó un pez, y "punto" ocupó el lugar del ojo, sin embargo, un fuerte viento arrebató a la niña el dibujo, y él tuvo que volver hacia la nada.
Así, en el espacio, se sintió el más miserable de todos los puntos, hasta que me di cuenta de que existía, lo tomé entre mis manos y lo puse al final de este cuento.





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Y bueno, estos son mis 6 niños que asisten al curso "Rayito de Sol", de izquierda a derecha:

* Julián * Vicky * Ángel * Andrea * Norberto * Alma *



Ellos son el equipo especializado en la reconstrucción de espíritus carcomidos.

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