sábado, 7 de noviembre de 2009

Y sin embargo...

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Yo ahora me regreso a casa. Nada más me detiene en este lugar, sólo me inspira a marcharme el hecho de que quizá mi ausencia ponga fin al estancamiento de algo, en algún lugar – aunque puede ser también un simple pretexto para no comprender que cuando un corazón deja de latir por otro es prudente darse por vencido-, sé que ahora no suena muy claro pero espero que los acontecimientos previos a mi partida te den un panorama más claro.
Hace tres meses comencé a trabajar en “La Peña”, refugio de amigos y demás conocidos que encontraban bajo la biznaga dibujada en su cúpula un refugio o escaparate, según sea el caso, a todos los problemas que les aquejaban y hallaban en el calor humano y el que se encierra en recipientes de vidrio esa puerta mágica para el desflore de sentimientos.
Mi entrada fue mera casualidad, si es que eso existe, fue Marco quien me pidió apoyo como mesero y luego pasé a representar el papel de barman, cosa que me satisfacía en gran manera pues a menudo estaba en compañía de parte de la gente que quiero. Al principio, recuerdo que el trabajo era arduo, pero de una semana a otra, una pésima racha cayó como chapopote sobre el bar, al grado de que las propinas eran nulas y los días laborables/laborales fueron disminuidos.
Los clientes, antes personas amigables, se tornaron monstruos multiformes que buscaban convertirse en parte de la mala vibra que circulaba por las paredes cálidas de La Peña; los amigos, que siempre convivían en amenas charlas sobre cosas que sencillamente son humo que al otro día es nada, aunque en su momento parecían de extrema importancia, procedían de modos inverosímiles, agrediéndose, murmurando entre ellos, desangrando los lazos antes firmes; el sistema eléctrico, el de agua potable, la señal por cable y hasta el mobiliario presentaban averías con las más feas intenciones…
Todo andaba mal.
Cuando un golpe cae de improvisto no se tiene siempre el seso para descubrir su origen, sin embargo, el alcohol, que intrincadas sinapsis logra, puso sobre la mesa de los que amaban el lugar muchas estrategias para mejorar la situación.
Se hicieron promociones, el clásico dos por uno – con mil hielos dentro del vaso para hacer abundar el licor-, cubetazos de a cien pesos, quince pesos la cerveza en días de futbol, en fin; nada de eso pudo mejorar las cosas, simplemente una barrera misteriosa impedía el flujo de clientes y sobre todo, esa marejada de buenos momentos que era propia de ese bar.
Por esos días, Matilde y yo ya no estábamos juntos, yo la recordaba y una inmensa melancolía me llevó a la depresión, ¡oh bendita depresión que unes a los caídos! De eso modo me hice amigo de muchos y reforcé mis lazos con unos pocos, de los que todavía sobrevivían a la vorágine de sentimientos malos.
Uno de ellos fue Chucho. Una noche de no pocas en las que un cigarro en la mano era el único soporte que nos mantenía en pie, nos dimos cuenta – bueno, fue él- de que existía una curiosa constante entre los clientes asiduos de La Peña: en todos había un amor frustrado.
Yo pensaba sórdidamente en Matilde, la recordaba tanto que no quería hacer nada más que dejarla correr por las veredas de mis recuerdos; él no sé a quién refería su amargura pero, pronto nos dimos cuenta de que Chema también había perdido a su amada Lorelí, Aarón y Juana se habían separado y así, la lista podría continuar al grado de conformar un muro de lamentos de amores en crisis.
Como buenos hipócritas, identificamos la paja de los ajenos y comenzamos a hacer un inventario de desventuras y llegamos a la conclusión de que La Peña estaba deprimida, sólo que en este caso su mal se comunicaba de modos que no correspondían con la forma en que estábamos acostumbrados a distinguirlo en las personas.
Fue entonces que ideamos un plan y tramamos convertirnos en los “es-cupidos alcohólicos”. Durante un mes urdimos citas “casuales” entre los involucrados, detalles de ésos que hacen que una persona despierte el interés en otro, recados, cortesías en tragos, dedicaciones de canciones (“eso suena cacofónico” diría el pendejo de yasabesquién), poemas y demás basura, con tal de encausar sus sentimientos y así reunirlos de nuevo.
El plan marchó muy bien, los amorosos volvieron a ser felices y a compartir su felicidad con los amargados que, toda vez que vieron que las rupturas a veces encuentran el pegamento indicado, se contagiaron del amor que voló por los aires hasta invadir el local del bar, los ocho cactos trazados en la cúpula reverdecieron y hasta la lona fea de “cirque” resplandeció, las ventas aumentaron y de nuevo La Peña era la fuente de poder que recargaba las ganas de vivir de los clientes.
A los pocos días supe que Chucho había logrado conquistar a una chica a la que nunca nos presentó por temor a que lo dejáramos en mal, como casi siempre lo hacíamos y como él mismo lo hizo alguna vez con nosotros, pero estaba bien, se le veía alegre y hasta soportaba que cualquiera se nos uniera a la fiesta aunque hiciera feo (¡lo que hace el alcohol!).
No tardé mucho en darme cuenta que era el único solitario del grupo, que sí reía y disfrutaba la compañía pero que, al final de la jornada, terminaba solo en mi cuarto oyendo a Meza y a Calamaro, dejando que la vida pasara sin moverme. La soledad pesó tanto que vi en Matilde una salida. La busqué, le canté canciones desde mi corazón a través de mensajes de texto, le regalé mi alma en llamadas al buzón, le dije en persona que se casara conmigo pero nada de eso funcionó.
Enrollé mi cola, sacudí el polvo de mis pies, di la media vuelta en mi mente y traté de borrarla para siempre. Luego, me di cuenta de que aún me era cercana, que me resultaba cotidiana, contigua, inmanente, casi indeleble y decidí partir.
Por eso me voy, para ser el otro, el que no te ama y ni siquiera te conoció. Sé que sólo regresando a casa podré poner fin a esta racha de infortunios en mi vida, detendré un corazón que se desangra en mi interior pero que desde hace tiempo es tuyo, sólo de ese modo podré ser libre y dejar que algo, en algún lugar, fluya de la manera en que las cosas se dan para adquirir el carácter de “normales”.

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7 comentarios:

Poyo!! dijo...

Hola!!

Pues aquí estoy perdiendo mi tiempo, raro no??

Espero que estés muy bien, que andes de parrandero, que te diviertas y que sigas siendo el niño tan lindo que conosco.

Necesito un amigo, un niño aunque eso implique que la Borri se enoje y que mi novio siga dudando, si conoces alguno avísame, es que ya no sé que hacer, ojala todo fuera sencillo, pero nada tendría sentido si las cosas fueran fáciles no?? ash!! ya no sé ni lo que digo...

Bueno espero andes bien, cuidate y espero verte el día menos pensado...

Adiosín pescadín!!!

°*'IcKeR'°* dijo...

Exacto. Nada en esta vida es fácil.

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La depre de la peña ha invadido a los que alguna vez pusieron sus pies en ella.

No sé qué puede pasar... ese me voy para mejorar... o bueno me voy para olvidar y empezar de nuevo no sería huir?

Bueno, espero que estés bien amigo... no me gusta leerte y sentirte triste... porque creo que estás triste.

Nos estamsos saludando.

Bye.

cArDbOaRd wInGs dijo...

bla bla bla iaaa!!!
despierta!!!
(contagias ashhh)

Yoo!! dijo...

Hola pescadín!!!

Pues me acordé de este lugar y me decidí a entrar y me doy cuenta que está renovado; nuevo color, nueva imagen; me gustó, raro pero se ve bien.

Sale pues te abandono, me voy porque las tareas no se hacen solas... Y no soy nerd!!!

Cuidate y pásatela chido, ah y cuando pases por mi casa ven a saludarme, aunque sea a decir -Hola- me dará mucho gusto verte.

Te mando un abrazo y un beso de poyo...

P.D. estoy de acuerdo con icker, tampoco me gusta sentir que estás mal, para lo que quieras ya sabes que tendrás mi apoyo.

te quiero mucho amigo.

Bueno ahora si...

Bye!!!

Anónimo dijo...

chubis...tu padre jejejej

que onda mi buen, gusto de saber y pasar a tan ilustre lugar, rincon o blog éste que tienes, y agradablemente lei la basurilla que escribes jejeje no es cierto carnalote tu sabes que no y ya sabes que se te apoya y me da gusto que puedas hacer estas cosas y que tranza despues del corto saludo paso a lo siguiente: jejejej

que bueno que puedo saludarte y leer algo familiar jejeje

y tratare de pasar a postearte algo seguido sequido o algo asi,

saludos y aunque se que no leeras este post, jjeje ok


bye saludame a la banda y al perro cuando lo veas y a todo huatulco que ya extraño... bye

Blue Sunshine dijo...

Cuando leí el titulo no pude evitar recordar a Joaquin Sabina...un grande de grandes... tengo fé, por alguna razón, que algún día pasaras al recuerdo de la Peña para contar historias de manera tan similar a como alguna vez lo hizo Jorge Ibarguengoitia, Sabina o García Marquez...
No te atrevas a decepcionarme jeje
mientras sigue trabajando y ya no le arruines las relaciones a Chucho jeje

Omar Reyes dijo...

Este es un blog existencial, no cabe duda, cuando tengo ganas de suicidarme vengo a este blog para lograrlo... bien por ello rata mutante