martes, 8 de noviembre de 2011

Inconvenientes I

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“Hay casas que no se caen,
Hay suelos que no resbalan,
Hay desiertos que se aman,
porque se muestran las palmas”

Camila Moreno


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La noche anterior había escrito en su diario:

“Tras mucho pensarlo, he llegado a la conclusión de que el origen de todas las criaturas a las que considero fantásticas, por no tratarse de objetos tangibles y, me refiero específicamente a Dios, al diablo, a la muerte, a los demonios, los ángeles y toda esa cosa de los espíritus; está en que en el tiempo en que fueron inventados, había el suficiente espacio y tiempo entre los seres humanos como para que los mismos tuvieran un momento de ocio para imaginar.
Dadas las circunstancias actuales, no tenemos el tiempo ni el espacio para desarrollarnos de esa manera tan apartada.
Por lo tanto, doy las gracias a la tecnología y la modernidad por habernos librado de farsas semejantes"
.

Al día siguiente se le apareció el diablo. Y, con él, la muerte…

Está bien, está bien, disminuyamos el nivel de dramatismo y seamos más realistas: no, no se le aparecieron, o al menos, no se aparecieron allí para ella exclusivamente, ya que todo se trataba de una maldita casualidad. Simplemente, a la chica se le ocurrió de repente que ése era un buen día para visitar la bahía y allí estaban ellos, discutiendo, como siempre… o casi siempre… (Perdón si divago a estas alturas de la historia pero no puedo sostener firme mi cabeza y abrir al mismo tiempo mis ojos. Trataré de ser fiel al relato que ella, cuyo nombre tengo prohibido mencionar, me contó. Gracias).

Pues así las cosas, ella solamente quedó estupefacta al contemplar aquella escena tan tétrica. Por el contrario, al diablo y a la muerte no les importó en absoluto la llegada de… de… pues de ella. Continuaron su disputa y uno al otro se increpaban con situaciones que a nadie le constaban más que a ellos. Dice, aclaro, dice que escuchó cosas como Luzbel, Gabriel, Adán, Fruto, Babilonia, New York, Tlatelolco, 2006, Ismael, Angelología, Ciencias de la Comunicación,
Prejuicio, Heineken, Racismo, Invasión, Ignorancia… en fin, para qué agobiarte con tantas cosas negativas; entonces, comenzó a darse cuenta del cariz de la conversación: el reclamo del uno al otro era por entrometerse en empresas que uno de los dos ya había comenzado.

En ese momento, ella hubiera querido nunca haber escrito aquel párrafo funesto – me causa risa esta palabra… funesto – porque ya no quedaban dudas de que la muerte y el diablo en persona platicaban en Cacaluta.

El primero en ceder fue el diablo. La muerte era más efectiva cuando soltaba cada palabra, ya que iban directo a la autoestima del diablo. Ah, pero éste cedió con orgullo, como diciendo “te doy chance”.
Comenzó por aceptar que toda esa cosa de “la muerte me pela los dientes” había sido cosa suya. La muerte, por su parte, aceptó haber sugerido la idea base de un chiste en tres actos cuya conclusión era que el diablo andaba suelto.
Y así, uno al otro fueron perdonándose, palabra horrorosa en boca del demonio e inexistente en la de la muerte.
Para cuando el sol iba bajando, ella seguía viéndolos dando una clase de Historia Universal mientras comenzaban a destapar el segundo cartón de Victorias.


(Continúa...)


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1 comentario:

Luna Lunera dijo...

La última parte fue la que más me gustó, pero quiero saber qué más se dijeron ese par... sobre todo después de más tragos encima... Un abrazote naranja para tí.