miércoles, 9 de noviembre de 2011

Inconvenientes II

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“Quieren millones, millones, millones,
millones, millones, millones.
Millones de alma en su inmensa cuenta
Millones de casas sobre la selva”.

Camila Moreno



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El fuego no faltó al llegar la noche, en la fogata ardían zanates, tepehuajes, mangle, zorrillos, guamúchiles, conchitas de mar, huevos de tortuga, caoba, ébano, cardenales, cervatillos, en fin: todo lo que ardiera, allí estaba.

Mientras todo esto ocurría, ella seguía paralizada pero muy consciente la situación.

Luego, las cosas subieron de tono. Ya él le rozaba la mejilla y ella se descubría las piernas. Pronto comenzaron las miradas, el escarceo, los acercamientos, luego las promesas, y el romance brotó.
Como prueba de amor, ella le juró que en la mitad del corazón que se forma en Cacaluta que ella iba a tomar, le iba a construir un paraíso nudista, con club de playa, escaleritas hasta el mar, todas las drogas del mundo y sobre todo, ecológico.
Él, al referirse a la otra mitad de la bahía, habló de un enorme campo de concentración para humanos y cualquier otra especie, máquinas de tortura, películas de Tarantino y Rodríguez con palomitas horneadas, guillotinas y por encima de todo esto, el respeto a la biodiversidad.

Tras un largo beso y después de eso, un faje, prometieron verse la siguiente semana para comenzar la obra de sus regalos de noviazgo.

Toda vez que se despidieron, ella lanzó un grito enorme con el que pudo salir del shock en el que se encontraba…

Tres días duró delirando y con calentura. Cuando el chamán logró hacerla hablar, ella sólo alcanzó a gritar: ¡salven a Cacaluta!
Aunque al principio la frase causó conmoción, a la gran mayoría de los presentes, les pareció que: “esa chamaca ya andaba mal”, “como que se le iba el avión”, “¿que no estará loca?”, “yo creo que fuma hierba”, “todo es culpa de la televisión”, “para mí que esa sí tenía el chamuco”… en fin.

A nadie le movió nada el asunto éste, y se acordaban más de un chiste que había salido a raíz de la muerte de la mujer que de la bahía más linda que han visto mis ojos. Luego, cada quién volvió a lo suyo.

A los ocho días, la muerte y el diablo se encontraron, la sonrisa de gusto y los planos que cada uno llevaba se cayeron lentamente cuando sus ojos contemplaron la obra del ser humano: un inmenso campo de golf.

Las maldiciones no se hicieron esperar, sin embargo, ya todo estaba hecho, así que decidieron entrarle al negocio del fraude y ofrecieron a los hombres planes publicitarios preferentes en todos los medios posibles, cosa que a ellos les resultó muy atractiva, tanto, que hasta se pelearon entre ellos por la popularidad y la fama.

Por otra parte, a pesar de haber muerto por eso, ella no supo distinguir que no eran dos, sino tres los enemigos de aquella hermosa bahía; no alcanzó a distinguir que el peor enemigo del universo es el humano.

El diablo y la muerte como quiera, pueden ir a cualquier parte, pero los humanos sólo tenemos este mundo, ¿no valdría la pena intentar hacer un poco posible, lo aparentemente imposible?

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1 comentario:

Luna Lunera dijo...

Me da gusto que aproveches tu facilidad de crear historias y personajes para evidenciar la situación tan lamentable de Cacaluta que, tan bien como la describes, es de las playas más lindas que nuestros ojos han visto... ¡Celebremos a Cacaluta con la vida!